Tras ver las carencias de la Casa de Acogida se decidió que una de las tareas fundamentales era poner orden a un bendito caos. Se ha seleccionado la ropa de los niños y niñas y se ha marcado toda su ropa. Se les ha comprado uniformes nuevos, mochilas, chubasqueros, chanclas.... pero existía el problema de donde guardarlo.
Se tomó la decisión de hacer un mueble que supusiera una taquilla para cada nene, de tal forma que puedan guardar las cosas y puedan conservarse.
Gracias a la aportación economica de Manuel Salvador, hemos construído un mueble que -aunque muy caro para lo que habíamos previsto- cumple perfectamente las necesidades inmediatas de la Casa. A continuación podéis ver las fotos de la realización de este mueble, con todo el sabor de lo tradicional... Quizá vaya siendo el momento de montar un Ikea en Nepal :-P
Ramhari, el director de la Casa, fue a comprar todos los componentes necesarios para la estantería. Aquí le vemos negociando...¿regatearía igual que los occidentales?

Toca cargar las placas de madera.... ¡¡¡que nadie se piense que aquí te lo llevan!!! menos mal que el tranporte no es un animal...

Que no se caiga, que no se caiga....menos mal que ese día el monzón se portó bien y no había mucho barro

Finalmente han llegado las tablas en condiciones a la Casa. Le toca al carpintero ponerse manos a la obra

A pesar de la construcción, los nenes pueden seguir utilizando la sala de juegos. Aunque en la foto no lo parezca, estuvieron muy interesados

Ramhari controla la construcción. otra vez le volvemos a pillar en el lado malo: ¡¡Amigo!! ¡¡Mete tripa en las fotos!!

El esqueleto del mueble va tomando forma. Artesanía tradicional. Su trabajo ha sido extraordinario y la implicación máxima

El carpintero no era muy amigo de las fotos, pero no le quedaba más remedio. la construcción de la estantería era todo un acontecimiento.

¡¡¡Ya está barnizado!!! ahora toca colocar las perchas para que los nenes puedan colgar sus cosas

¡¡¡Y este es el resultado final!!! La voluntaria Irene posa junto a Ramhari y al carpintero. Volvemos a dar las gracias a Manuel Salvador por su gran aportación
